El Gobierno de México asegura que expertos analizarán si es viable explotar gas no convencional con técnicas que reduzcan el daño al medio ambiente, pero desde Nuevo León y Veracruz alertan que se trata de una “simulación” porque no hay fracking sustentable.
Montserrat Antúnez | Ciudad de México, 13 de abril 2026 – 12:05 am (SinEmbargo).– La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo asegura que personas expertas analizarán qué tan viable es explotar gas no convencional en distintas zonas de México con técnicas que reduzcan el daño al medio ambiente, anunció que considerarán ejemplos de países como Estados Unidos (EU), mientras que habitantes de Nuevo León y Veracruz —afectados desde hace años por las fracturas hidráulicas para extraer gas y petróleo— alertan que se trata de una “simulación” porque no hay fracking sustentable o amigable con el medio ambiente. “Fracking es fracking», insisten.
“Nos genera mucha preocupación porque tenemos claro que esta perspectiva que anuncia la Presidenta Sheinbaum de encontrar métodos ambientales más amigables respecto de sus impactos, el modelo es Estados Unidos en la región fronteriza. Y nosotros ya los vivimos en lo que llamamos la frontera chiquita de Tamaulipas, desde Laredo hasta Díaz Ordaz, en Anáhuac, Nuevo León, y desde el municipio de Guerrero a Piedras Negras, Coahuila, ya se viven los efectos del fracking desde Texas, y allí el discurso siempre ha sido de que es ambientalmente responsable. Eso es falso”, dijo en entrevista Antonio Hernández, integrante de la Alianza Mexicana contra el Fracking.
El biólogo forma parte del grupo que ha documentado cómo la presencia de pozos exploratorios con fracking de Petróleos Mexicanos (Pemex) desde 2013 dejó el agua turbia y casas fracturadas por sismos en Los Ramones, Nuevo León. Los impactos fueron denunciados desde 2018 ante la Comisión para la Cooperación Ambiental (CCA), un organismo internacional que surgió a partir del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.
El grupo denunció que Pemex exploró hidrocarburos en Los Ramones y otras partes de Nuevo León con los pozos Tangram-1 y Nerita-1 para fracturación hidráulica sin transparentar una Manifestación de Impacto Ambiental. El secretariado de la CCA ha reconocido que la comunidad no tuvo la oportunidad de conocer con anticipación las obras ni los impactos ambientales.
Antonio Hernández detalló que como consecuencia tienen documentada la disminución de los niveles de agua subterránea, la destrucción de viviendas por la que autoridades no se han responsabilizado, además de contaminación por fugas de pozos de fractura hidráulica abandonados en Nuevo León que no fueron sellados adecuadamente, lo que genera emisiones de metano.
«En el tema del agua, en nuestro trabajo con las comunidades rurales en los municipios al oriente de la zona metropolitana de Monterrey identificamos una disminución de los niveles de agua subterránea que las poblaciones rurales utilizan para sus actividades productivas, fundamentalmente agricultura y ganadería. Ese es un impacto negativo adverso que lo tenemos identificado a partir de la operación de los pozos de fractura hidráulica. Y no necesariamente tiene que ver con que los pozos se acabaron el agua, sino con la sismicidad inducida a partir de la operación de los pozos», mencionó.
El pozo Tangram-1 se ubica en el municipio de China, Nuevo León, a 19 km de la comunidad de Hacienda El Carrizo, en tanto que el pozo Nerita-1 se localiza en el municipio de Los Ramones, Nuevo León. Foto: Comisión para la Cooperación Ambiental.
Rodolfo Bibiano, del Consejo Consultivo Regional y habitante de Totonacapan, una comunidad de Papantla, Veracruz, también alerta de los riesgo en la región donde vive. En la entidad, la Alianza Mexicana contra el Fracking y Earthworks informaron desde 2023 de al menos 2 mil pozos que han sido explotados con esta técnica y sus daños al medio ambiente.
La comunidad donde vive Rodolfo se ubica en la cuenca Tampico-Misantla, que junto a la cuenca Sabinas-Burro Picachos y Burgos es identificada por Pemex como áreas con potencial de aproximadamente 64 mil millones de barriles de petróleo crudo. Por ello, en el Plan Estratégico de Pemex 2025-2035, la petrolera las describe como zonas con un potencial muy importante para la producción de hidrocarburos «a partir de nuevos esquemas de desarrollo de gas y aceite en yacimientos de geología compleja».
La Alianza Mexicana contra el Fracking alertó desde octubre del año pasado que «de forma tramposa» Pemex ha evitado mencionar que se trata de fracking al decir que «estimularán yacimientos de geología compleja», pero en la práctica, las técnicas y afectaciones al medio ambiente son los mismos,
“Los impactos se viven todos los días. Es como una bomba de tiempo, sobre todo cuando las personas están ubicadas en un lugar en donde tienen que convivir con el pozo, con los ductos, tienen que convivir con los mecheros cuando se está quemando el gas, huele muy feo y tienen miedo a que explote, además de las enfermedades”, mencionó Rodolfo Bibiano.
El activista agregó que a ello se suman los daños en las comunidades, donde la industria petrolera ha generado división por la compra de tierras, también porque se presenta como proveedora de servicios, lo que lleva a que algunas personas la defienden y otras se organizan para oponerse.
«Desde esta región podemos decir que no hay fracking sustentable, amigable con el medio ambiente, fracking es fracking. En nuestra región se ha realizado desde hace muchos años y desde las comunidades no vamos a seguir permitiendo más fracking, aunque le llamen sustentable, aunque le llamen de otra manera sigue siendo lo mismo», opinó.
La Secretaría de Energía asegura que 75 por ciento del gas natural que consume México es gas de importación y viene desde Estados Unidos. Se trata de gas shale o gas de lutitas, extraído mediante fracturamiento hidráulico y casi el 80 por ciento proviene de Texas.
La postura frente al uso de las técnicas de fracturamiento hidráulico ha cambiado en los últimos dos sexenios. Desde la Presidencia de López Obrador se mantuvo el compromiso en el discurso de prohibir el fracking, aunque esta decisión no se blindó a nivel federal con cambios legislativos. Ahora, con el argumento de contrarrestar la dependencia del gas de importación y garantizar la soberanía energética, el Gobierno de Claudia Sheinbaum habló durante la última semana de estudiar qué tan viable es utilizar en México nuevas tecnologías para la explotación del gas no convencional, para cuya extracción se necesita inyectar agua con arena y químicos que ayudan a romper las piedras para que el gas salga por presión.
La Presidenta anunció que presentará a un grupo de mexicanos expertos en agua, geotermia, geología, geofísica, residuos peligrosos y reciclaje de agua para analizar los impactos de la explotación del gas no convencional. En los últimos cuatro meses un equipo del Gobierno mexicano visitó Texas, California, en EU, y Canadá para recopilar información sobre nuevas tecnologías que reduzcan los impactos ambientales.
Sobre el uso de nuevas tecnologías para el fracking, la Presidenta ha dicho que tienen información sobre técnicas que utilizan componentes biodegradables para romper las piedras.
“Y el agua se recicla y se vuelve a utilizar, incluso, esa agua no es agua dulce, sino puede ser agua salada, o puede ser esta agua que hay en las minas de carbón, por ejemplo, que para potabilizarla requiere un proceso muy grande, porque no es potable per se. Entonces, todo eso queremos que nos lo digan los expertos: qué tipo de químicos se deberían de usar, que en su mayoría deben permitir el reciclamiento del agua, y qué tipo de agua debe de usarse. Entonces, eso es lo que queremos que nos digan los expertos, y los impactos que pudiera tener. Y en todo caso, en dónde sí se podría hacer y en dónde no, en dónde podría tener impactos ambientales mayores”, expuso en su conferencia matutina del 9 de abril.
El Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 también menciona que para la explotación de yacimientos ha estudiado estrategias para reducir el consumo de agua dulce en las zonas de operación como usar agua de mar y, especialmente, el reciclaje de agua congénita producida por campos petroleros en etapas avanzadas de explotación para la estimulación de pozos.
En cuanto a posturas a favor de fracking, en Estados Unidos, el país pionero y es el mayor desarrollador de esta técnica, se han publicado investigaciones que matizan el impacto al medio ambiente en Colorado o Texas; se trata de análisis publicados con la participación de compañías de petróleo y gas o de las reguladoras energéticas estatales, en ellos plantean que la fracturación hidráulica es segura porque se utilizan técnicas como el monitoreo constante de la calidad del agua.
Por ejemplo, en Colorado el Coloradans for Responsible Energy Development (CRED) se dedica a publicar información científica sobre cómo el uso de nuevas tecnologías hace al fracking seguro y cómo han permitido reducir hasta 60 mil toneladas de emisiones con nuevas tecnologías.
En su sitio web citan un estudio de la Universidad de Syracuse de 2016 donde afirman que no hay evidencia de que la fracturación hidráulica haya alterado la calidad del agua en la cuenca de los Apalaches, pero se trata de una investigación financiada por Chesapeake Energy, actualmente Expand Energy Corporation, una de las mayores empresas productoras de gas natural de EU.
Además, The Denver Post ha documentado que la creación de CRED fue financiada por las compañías de petróleo y gas Anadarko Petroleum y Noble Energy en 2013 para influir en la opinión pública ya que en ese año varias ciudades de Colorado discutían prohibiciones al fracking.
En Texas, la Comisión de Ferrocarriles (RRC, por sus siglas en inglés), la principal agencia estatal encargada de regular la industria del petróleo y gas natural, argumenta que no tienen pruebas de contaminación de agua subterránea asociada al fracking por la separación física que existe entre los acuíferos y las zonas de fracturación, además de las normas de construcción de pozos que “exigen varias capas de revestimientos de acero y cemento para proteger las aguas subterráneas”.
Mientras que desde México, la Alianza Mexicana Contra el Fracking recordó en un comunicado reciente que desde hace 15 años científicos independientes de EU han recopilado evidencia científica que demuestra los riesgos y efectos nocivos del fracking para la salud pública y el clima.
La alianza también expuso su preocupación sobre la imparcialidad de los estudios con los que se analizarán los impactos de extender el fracking en México.
«Al menos en las comunicaciones públicas la Presidenta no habló de la integración de científicos o científicas sociales. Eso es tan grave como lo ambiental, o incluso más. Nosotros tenemos historias, por ejemplo, de propietarios privados de la tierra a los cuales se les daba cierta cantidad de dinero que provocaba disputas familiares, desunión de los núcleos. Hay toda una situación que está asociada al dinero que pagan las industrias por la operación de los pozos que no puede dejarse de lado», dijo Antonio Hernández.
El investigador reconoce la dependencia energética de México, que quedó evidenciada en febrero de 2021, cuando una tormenta invernal en Texas congeló gasoductos y provocó el corte del suministro hacia el país, pero retomó el llamado de la Alianza Mexicana Contra el Fracking acerca de que sería más oportuno enfocar el trabajo científico en buscar soluciones para acabar con la dependencia a los combustibles fósiles.
«La Presidenta parte de un diagnóstico certero, pero me parece que la propuesta de intervención y manejo no es la adecuada, necesitamos cortar la dependencia de los hidrocarburos porque los impactos son mortales», agregó.